crítica


Muy retrasada les presento otra opción para el día que toque alquilar una buena película. La opción de hoy ha estado en mi mente desde hace mucho rato, pues me he lanzado a redescubrir el cine de Joel y Ethan Coen desde que su No Country For Old Men resultó la más premiada en los Oscar, empecé a reencontrarme con algunas de sus citas que más me han gustado. Hay una fuerte competencia sobre cuál de sus películas es mi favorita –este dúo de directores sabe moverse sin ningún problema de la comedia al drama y siempre poniendo un toquecito oscuro en algún lado– pero creo que, hasta No Country (que aún no veo), su punto alto es sin duda O Hermano Dónde Estás.

La historia está basada en La Odisea de Homero, pero ambientada en el empobrecido sur de los Estados Unidos durante la Depresión (mediados/finales de los años ‘30, para que se ubiquen). Nos encontramos con un trío de amigos escapados de la cárcel: el ingenuo Delmar (Tim Blake Nelson), el amargado Pete (consecuente de los Coen John Turturro) y el vivísimo Ulises Everett Grant (George Clooney), que están corriendo a encontrar un tesoro escondido cerca del pueblo de Everett, donde está su esposa en separación Penélope (Holly Hunter).

¿Ya vieron las conexiones con La Odisea? Hay muchas más, pero eso quitaría parte de la diversión. Además, la película funciona demasiado bien de por sí como para que estén buscando paralelismos. Clooney en particular sorprendió mucho por su grueso acento sureño y su genial interpretación cómica, pues aún se le asociaba con el drama televisivo ER. Hay todos los elementos que uno espera de los Coen: personajes muy extraños, humor negro, alguna especie de muerte, y una resolución dramática de conflictos. Aunque Clooney fue el premiado con un Globo de Oro con su actuación, Turturro y Nelson en más de una ocasión me hicieron soltar la carcajada. Y la química entre los tres da para instantes que son joyas.

La banda sonora fue un éxito aún mayor que la película en sí, y hasta resucitó el amor por la música bluegrass en Estados Unidos. Es como si una película aquí despertara el amor por el joropo. Obviamente a una persona latina no le llamaría mucho la atención, salvo la canción central, “Man Of Constant Sorrow”, que tiene dos momentos claves en la cinta. En resumen, O Brother Where Art Thou es quizá el pináculo en comedia (junto con The Big Lebowski) de los Coen. Excelente para una tarde devedera.

Desde que Tim Burton hiciera la primera Batman, los estudios de cine han chupado la teta de los super-héores y no pretenden soltarla hasta que esté buena y seca. Han habido en este ciclo fracasos estrepitosos (Ghost Rider, Hulk, Batman & Robin), intentos decentes que pudieron hacer un mejor trabajo (Daredevil, Blade) y grandes éxitos (Superman, Spiderman, Batman Begins, X-Men). Este año tenemos el privilegio de ver seis películas de super-héroes. Y si Iron Man es indicación de lo que viene, pues gente, este será un verano muy sabroso.

Iron Man es la primera película que los estudios Marvel –los mismos de Marvel Comics, de donde salen, además de Iron Man, el Hombre Araña, Los Cuatro Fantásticos y los X-men– distribuye por sí sola, sin ninguno de los estudios grandes respaldándola. Tremendo riesgo, pero era evidente que sabían lo que querían. Olvídense de las críticas que Iron Man nunca tuvo la fama de los X-Men o el Hombre Araña. Una película con este elenco, este director y esta historia no podía salir mal.

Robert Downey, Jr., se mete en la piel de Tony Stark, un multimillonario genio en física y mecánica/playboy alcohólico y empedernido, quien, en un viaje de negocios a Afgansitán, es secuestrado por un grupo terrorista que le exige construir un misil para su causa. Durante el ataque, está demasiado cerca de una explosión que lleva metralla hacia su corazón, y se le tiene que poner una batería magnética que lo mantenga con vida. En vez de construir el misil, Stark usa su tiempo para construir una armadura impulsada por la batería de su corazón que le permite escapar.

La última película de super-héroes que no parecía tal fue Batman Inicia, y fue gracias a una sólida dirección, un respeto a la historia original y un elenco perfectamente escogido. Iron Man reúne todas esas cualidades con un ingrediente adicional: mientras Batman es un alma torturada por la pérdida de sus padres, Iron Man es un ser superficial que repentinamente descubre su mundo volteado boca abajo, y descubre un alma. Lo que hace que la película (sin quitarle nada a la brillante obra de Christopher Nolan) sea mucho más ligera de digerir, y muestra a los actores gozando un puyero.

Por eso es que insisto, como tantos otros críticos (que todos saben un poquito más que yo), que nadie pudo haber hecho de Stark que no fuera Robert Downey Jr. Los paralelismos con Tony Stark –un alcóholico de vida desenfrenada que uno no puede evitar querer– no han escapado a la prensa, y el actor se lo toma a chanza igualito. Es como ver al amigo de la universidad que no podía soltar una cerveza comprar un Ferrari que vuela. La actuación puede ser un poco molesta al principio, pero ese es justamente el objetivo. Luego de su erscate, Downey entra en perfecto ritmo, mezclando humor con un profundo sentimiento de responsabilidad y humanidad. Y es divertidísimo verlo trabajar en su traje con los robots, para al final revelarlo en un estilo que sólo puedo describir como “whoa!”

El resto del elenco, aunque cae en clichés más de una vez, está igualmente bien escogido. Jeff Bridges es el mejor de ellos como Obadiah Stane, el socio Tony en Stark Entreprises, quien tiene una agenda secreta. Bridges siempre será uno de mis actores favoritos (por favor busquen The Big Lebowski de los hermanos Coen) , y el papel de villano le queda como un guante, pues siempre tiene como ese brillo en los ojos que lo hace ver como un buen tipo aunque te esté clavando un cuchillo. También se luce Terrence Howard, un actor que se ha ido creciendo con cada papel que le dan, en especial desde su nominación al Oscar en Hustle & Flow. Aquí hace de Jim Rhodes, el enlace militar y mejor amigo de Tony Stark, y que en un futuro se convertirá también en su compañero War Machine (si se fijan bien, hay una idea de que precisamente eso pasará en la secuela). Cierra el elenco Gwyneth Paltrow, quien hace de “Pepper” Potts, la asistente personal de Tony y sí, su amor secreto. Paltrow le trae mucha sensibilidad al personaje, pero es mucho más que una damisela en peligro. Un momento… ¡todos los del elenco son nominados al Oscar!

Esta era la película que Jon Favreau necesitaba para entrar en las grandes ligas de la dirección. Las escenas de acción no se pasan del tope, incluyendo la climática batalla entre Iron Man y el alter ego de Obadiah Stane, Iron Monger, y uno ni se enteraría que son efectos especiales. Quizá recuerden a Favreau como el alocado amigo de Vince Vaughn en Viviendo Con Mi Ex o lo recuerden como director en Elf de will Ferrell. Con Iron Man encontró su nicho: una película que refleje su personalidad (al menos la que yo le veo), una fiesta sin excesos. Hasta que vea The Dark Knight, esta puede que sea la mejor película de super-héroes que haya visto.

P.D.: Tienen que quedarse después de los créditos para que vean otra idea más de lo que habría para la secuela. Si no soportan la curiosidad, les encantan los spoilers o ya la vieron y no quieren ir otra vez, vean por aquí.

Con la cantidad de películas biográficas (biopics) sobre artistas que han salido en los últimos años –Ray, Walk The Line, El Cantante– es sorprendente que la gente aún quiera entrar en el mundo del espectáculo. Uno pudiera clasificar estas películas –o las vidas que muestran– en dos grupos: subo de la nada a conseguir fama y fortuna para caer en desgracia hasta encontrar la redención, o subo de la nada a conseguir fama y fortuna para caer duro en desgracia y nunca más alzarme. Ray (del cantante de soul Ray Charles, que le dio un Oscar a Jamie Foxx) y Walk The Line (del cantante de country Johnny Cash, con Joaquin Phoenix y Reese Witherspoon) caen en la primera; El Cantante (vida del salsero Héctor Lavoe, con Marc Anthony y Jennifer López) y la que nos ocupa ahora, La Vie En Rose, caen en la segunda. Pero ni se les ocurra comparar el débil pero bien intencionado intento de la López y su esposo con la pieza de arte que es La Vida en Rosa. La primera será un lejano recuerdo para la semana que viene (si no lo es ya); esta pertenece al panteón de los clásicos.

La cantante Edith Piaf fue –y quizá aún es– el mayor icono musical de Francia. Una voz portentosa que cantaba con suficiente desgarro como para sacar lágrimas al más duro conquistó a las masas de ambos lados del Atlántico. Pero su enorme talento vino acompañado de una vida de golpes y excesos que hicieron estragos en su ya frágil humanidad: medía apenas 1,47 m, sufrió de ceguera y sordera temporal en su infancia, y vivió en la calle prácticamente hasta los 25 años. Fue abandonada por su madre, una cantante de calle, y dejada al cargo de su abuela, quien era madama en un prostíbulo, hasta que su padre la usó en su acto de calle. bebía como un cosaco y era adicta al opio y a la cocaína, lo que la llevó a una temprana muerte por cáncer hepático.

La vida de Edith Piaf fue una montaña rusa, de modo que una película que nos llevase del punto A al punto B quizá no le hubiera hecho justicia. Sí lleva una línea de narración, pero el director y guionista Oliver Dahan prefirió alternativamente ir de atrás hacia adelante sin ningún bache en ese camino, quizá en un intento de explicar las consecuencias de ciertos acontecimientos, y enfocarse en la diva, en ella sola; el resto de las personas en su vida sólo están allí para ser pinceladas en ese cuadro que era su vida.

No hay sino los hombres que más la tocaron, como su padre (Jean-Paul Rouve), su amante, el boxeador Marcel Cerdan (Jean-Pierre Martins) y quien la descubrió, Louis Leplée (un magnífico Gérard Depardieu; menos mal que se está olvidando de Hollywood), y quien la pulió para la fama, el compositor Raymond Asso (Marc Barbé). De resto, son rostros atrapados en el remolino de su vida. Falta notablemente una relación más cercana con el escritor Jean Cocteau, quien murió al día siguiente que ella, supuestamente de tristeza de perderla. Pero eso es para quienes lo sabemos; los que no igualmente están listos para una película de lúgubre belleza.

Toda la película tiene un aire sombrío y triste, aún los raros momentos de felicidad de la cantante, pero es como un choque de trenes que uno está imposibilitado de dejar de ver. (El título del film es de una de sus canciones más famosas; el título original en francés es La Môme, o “la niña”, que era como le decían a la cantante: la môme piaf, la niña gorrión.)

Toda la película, sin embargo, reside en los hombros de la extraordinaria Marion Cotillard. Creo que el haber visto la premiación de los Oscar este año antes de ver este película, pues me causó un impacto enorme ver a una joven y muy atractiva actriz recibir el premio a la Academia convertida, primero, en una joven diva y luego en una anciana prematura. El trabajo de maquillaje es casi tan justificado como el Oscar a Cotillard, quien ayudó afeitándose la línea capilar y sus cejas para parecerse aún más a Edith Piaf. Pero la humanidad, honestidad y desgarradora tragedia de la vida de la cantante es perfectamente reflejada en la joven actriz: una escena en particular, en que sabe de la muerte de uno de sus (múltiples) amantes, yo la comparo con la escena de furia en Der Üntertag, la película de la caída de Hitler, donde yo me convencí que al actor Bruno Ganz le daría una embolia. Aquí estoy esperando a ver a Cotillard a lanzarse por el balcón, pues no hay manera de ocultar su dolor, su angustia, su pérdida. Simplemente perfecta.

La película está siendo mostrada como parte del Festival de Cine Francés, y también está en DVD, y cualquiera lo justificaría. En la sala pueden apreciar toda la grandilocuencia de la vida de esta mujer; en su casa pueden gozar de la intimidad de su carácter. Aunque quizá ustedes hagan, como los que compartían la sala conmigo, que aplaudieron cuando terminó. Es un magnífico relato con una actuación para la historia. Bellísima.

Cuatro de las cinco nominadas al Oscar este año fueron deprimentes, crudos y duros dramas que eran críticas a la sociedad (No Country For Old Men), capitalismo descarado (There Will Be Blood), gula corporativa (Michael Claytonn) o la rivalidad fraternal llevada al extremo (Atonement). Añadan ese hecho —una película tiene que ser realmente buena para ir a deprimirse en el cine, se los digo— al que eran películas tan “artísticas” (léase, público limitado, pero expertos que se las come con gusto), y uno entiende por qué la favorita sentimental era la única que fue un éxito de taquilla: Juno.

El éxito de taquilla de esta peliculita significó una marca de 2-0 para su director Jason Reitman, quien ya había tenido un éxito independiente con Gracias Por Fumar (muy recomendada, por cierto). Hijo del también famoso director Ivan Reitman (quizá recuerden una pequeña peliculita suya llamada Los Cazafantasmas), Jason está empezando a ganarse renombre en el circuito independiente. De hecho, acaba de ganar puntos extra por rechazar dirigir la versión cinematográfica del cómic Justice League Of America. Una sabia decisión, por todos los rumores de problemas que están circulando. Pero eso es para otro momento.

Lo que sí les quiero decir es, si usted tiene algún problema con el embarazo adolescente –digo, en el sentido que cree que toda niña menor de 18 años que quede embarazada debe ser marcada por la humanidad como una meretriz, no en el sentido que educación es la mejor arma para la prevención–, le aconsejo se guarde sus prejuicios en el bolsillo y trate de disfrutar esta película que no tiene ningún otro tipo de aspiración más que enviar un mensaje sencillo y, de paso, divertirse.

La pequeña joya que es Juno narra la historia de Juno McGuff (Ellen Page), una adolescente en un pequeño pueblito que es abierta, inteligente y un poquito extraña —que descubre que está embarazada de su mejor amigo, Bleek (Michael Cera). Los planes iniciales de abortar son rápidamente descartados, de modo que decide poner al bebé por venir en adopción. Consigue la pareja ideal en Vanessa (Jennifer Garner) y Mark (Jason Bateman), y cree que ya tiene toda la vida resuelta. Pero seriamente, ¿a quién queremos engañar?

Este fue el primer libreto de la autora Diablo Cody, quien ya es famosa por la historia de su vida: antes de dedicarse a escribir por completo, era una bailarina nudista y atendió líneas sexuales. Y qué les parece, su guión se llevó el Oscar al mejor guión original, el que muchos llaman (incluyéndome) el consuelo por no ganar Mejor Película. Y no la culpo, aquí hay diálogos inteligentes, personajes sumamente realistas y la historia de familias y personas que están pendientes una de otra.

Ellen Page va a ser toda una estrella a medida que crezca. Esta no va a ser una Shirley Temple, o una Macauly Culkin; los más entendidos saben que esta es su segunda película después de la aterrorizante Hard Candy, donde se convierte en presa convertida en depredador. Aquí, es la propia “marimachona” —se viste con ropa llamativa, usa una pipa aunque no fume, domina a todo el mundo que está cerca de ella (incluyendo a los adultos) a punta de sinceridad, inteligencia y una lengua rápida como el rayo, con la excepción de su padre (J.K. Simmons) y su madrastra (Allison Janney), que siempre se han asegurado de hablarle como a una adulta. Es increíble la naturalidad con la que Page se funde con su personaje, cómo puede ser dulce en su propia manera sin perder la acidez de la que es capaz. Sin embargo, nunca nos pone a dudar que es una buena chica, que las decisiones equivocadas que comete no es porque conscientemente busca meter la pata —es, como ella dice, porque apenas está en bachillerato.

El resto de las actuaciones van de muy buenas a decentes, con la sola excepción de Michael Cera. Ya entendí: el chamo tiene una carita de yonofui que las mujeres (bueno muchas) no pueden resistir, que lo hace ver vulnerable, dulce e inocente, pero ya basta. Gracias a Dios por su actuación en Supercool, porque creo que 18 años es muy joven para ser estereotipado. Me gustó también la actuación de Jennifer Garner, sorprendentemente; uno no puede evitar olvidar que esta es la misma mami que puede abrirte el cráneo como Elektra o la geva de Alias, sino una profesional que trabaja duro y quiere ser madre a la vez, y no está percibe estar recibiendo mucho apoyo de su esposo. Mi actuación favorita fue sin duda la de J.K. Simmons, quien parece estarse convirtiendo en el actor fetiche de Reitman, como el padre duro pero cariñoso de Juno: es un personaje que hemos visto antes, pero Simmons lo hace divertido y creíble. Es un tipo con un mínimo de educación formal, pero eso no lo hace una mala persona. En segundo lugar viene Allison Janney, para redondear el grupo de actores que empezaron en televisión (Cera, Bateman, Garner y ella). Esta no es una secretaria de prensa del gobierno, ni una loca que sólo se quiere divertir: esta es una madre sencilla que está dispuesta a sacrificar un par de cosas con tal de ser amiga de su hijastra. Y en el caso de Juno, eso sólos e consigue siendo tan ligeramente bizarra — a su manera— que ella.

Entonces, si esta fue la campeona de la taquilla de las nominadas a Mejor película, ¿por qué no ganó? Bueno, primero, no había manera de ganarle a Petróleo Sangriento o Sin Lugar Para Los Débiles, punto. Segundo, había dos problemas fundamentales. La película parece tratar demasiado fuerte de ser astuta o encantadora o decir frases inteligentes. Cierto, ayudan a la historia, pero en serio, hay un límite de cosas inteligentes que se pueden decir en dos horas. Ese fue el solo ingrediente flojo. En segundo lugar, el 60% de la música era demasiado para mi cabeza. La sola canción de los títulos iniciales me hacía querer sacarme los ojos. ¿Cómo es que la banda sonora ha sido tal éxito en los EE UU? ¿Al punto de sacar uno de esos clásicos que dicen “Música inspirada en la película”?

En fin, vayan a ver Juno. Es como cuando ves un pedazo de torta con arequipe: si te comes sólo un poquito, no te empalagarás. Y después alquilen Gracias Por Fumar, y dénme las gracias.

Hace unos días atrás, les pedí a ustedes que me dijeran cuáles eran las películas que deseaban jamás haber visto. No me sorprende que la mayoría son películas de terror, pues esas parece que son las más fáciles de odiar. Pero me sorprende que nadie haya incluído ninguna venezolana, que parecen tan criticadas, o algunas de las parodias… Y me doy cuenta que como que no puedo ir mucho al cine con ustedes, jejejeje… ¡pues muchas de las películas que ustedes odiaron están entre mis favoritas! ¿V For Vendetta? ¡Si hasta la quiero comprar! ¿Matrix? La primera la compré (aunque reconozco que las secuelas me desilusionaron un poquito). Y tantas otras… en particular, les digo que yo me tripée Cloverfield muchísimo. Y Danza Con Lobos… ‘te la puedo recitar! :-D (Y sí, mi pana… también me tripée El Proyecto de la Bruja de Blair!)

Lo admito, supongo que soy poco exigente con mis películas. Aunque hasta yo mismo trazo una línea en algún momento. Así que pueden jurarlo, que cuando yo digo que estas cinco películas (sin incluír la ya destruída 10.000 AC) son malas… ¡es porque son MALAS!

5.- The Manchurian Candidate

Denzel Washington es uno de los mejores actores que he tenido el placer de ver actuar en las películas. El hombre es sencillamente brillante. Y esta es la versión de un clásico del cine de suspenso, una de las mejores películas en las que Frank Sinatra actuó. De modo que se imaginarán mi decepción cuando, luego de una hora de ver este bodrio, apagara el DVD en asco. Una trama sumamente enredada, una historia contada al paso de una pereza con reumatismo, y un Liev Schreiber que trataba con seriedad parecer siniestro pero sólo lograba parecer constreñido lo hicieron. Ni siquiera Meryl Streep –siempre brillante— y un Denzel Washington haciendo un papel distinto al que nos tiene acostumbrados –inseguro, confundido y sinceramente a punto de parecer perder la cabeza– puede salvarlo. ¿Que no vi el final? ¿Qué importa? Prueba una vez más que los “remakes” no son siempre buena idea.


4.- Scary Movie 2 (Una Película de Miedo 2)

Una parodia se supone que tiene que ser grotesca. Una caricatura de sí misma. Quizá hasta darte una risa fácil. Eso fue lo que logró la primera Scary Movie. Admito que me reí de lo lindo con ella, casi al punto de la pena, pues han habido pocas películas tan pueriles. De modo que fui engañado y me convencí de ver la secuela. Maaala idea. Las burlas aún están ahí, pero lo único salvable es la mofa del comercial de Nike sobre la música de pelotas. Nada más. ¿Ni se acuerdan del comercial? Bueno quizá podamos hablar de la escena sobre… No, esa no. ¿Quizá David Cross? Tampoco. ¿No saben quién es David Cross? Saben, mejor ni la vean. Ni a ella ni a las otras tres. Pana, por Dios, sepan cuándo parar. Además que ahora hay una fiebre de películas de parodia que no puede ser sana: Date Movie, Meet The Spartans, Superhero Movie, Epic Movie… y viene una de… ¿listos para esto? Supercool. ¡¿Como para qué?!

3.- Swimfan

¿Se acuerdan de Atracción Fatal? Esta hizo de Glenn Close una estrella, ganándose un Oscar en el camino. De paso, hizo que cualqueir cantidad de imitaciones surgieran. Esta película fue llamada “Atracción Fatal para adolescentes”. Un chico talentoso lo tiene todo, hasta la novia más linda del colegio, hasta que la chica nueva se enamora. Una noche de debilidad (la eterna excusa de los hombres), la niña nueva se obsesiona, y le hace la vida imposible. Eso es todo lo que necesitan saber. Lo admito, la escena de la piscina me embruja a veces, y Erika Christensen, además de ser una mami, sabe actuar. Pero traten de buscar una trama más predecible, y oh por Dios, un peor final. Esto creo que se suponía ser el vehículo del estrellato para la Christensen, así como la versión original fue para Glenn Close. Pero fue tan absurdamente mala que la condenó al cine independiente y luego, televisión. Pero admito que le queda bien el rojo…

2.- Fair Game

Érase una vez una super-modelo. El objeto de todos los deseos humanos (sí, humanos, pues hasta las mujeres deben haber querido estar con ella). Todo el mundo soñaba con un besito en ese lunar que tiene en su boquita. De abrazar ese cuerpo. La mujer era la más reconocida cara del mundo hace escasos quince años. O menos. Así que era lógico que un día alguien pensara: “¡Oye! ¿Y si ponemos a Cindy Crawford a actuar? ¡Seguro nos dará millones!” Y no sólo eso, la pusieron a hacer de abogada, que descubre un plan de drogas y requiere que alguien la proteja, que cae sobre un policía interpretado por William Baldwin (el hermano mayor de Stephen y el menor de Alec). Oh sí, les hizo millones. En cuentas de médico. Esta vaina era tan mala, tan mala, que más de uno debe haber tenido un infarto de verla. Nada más al pensar de cuánto les costó y cómo jamás lo iban a recuperar. ¿Y la actuación de Cindy? ¿Cuál? Vuelve al bikini, mija.


MENCIÓN HONORÍFICA


Master Of Disguise

Yo quería que esta película me gustara. Dana Carvey es uno de los más divertidos actores que conozco. Sus personajes en el programa Saturday Night Live constituyeron la mejor época del programa. La Dama de la Iglesia… Hans y Franz… su Garth junto al Wayne de Mike Myers… su imitación de George Bush padre… Todos brillantes. Cuando salió del programa, fue porque quería buscar una carrera en el cine. Pero esa carrera resultó ser una muy breve caminata, pues después de El Mundo Según Wayne 2, Carvey no tuvo un solo éxito. De modo que decidió probar suerte usando su increíble talento para la imitación, y escribió este intento de comedia de acción, con la compañía de producción de Adam Sandler, sobre un inocente mesonero que descubre que tiene el talento de asumir cualquier identidad. Pero al tercer disfraz –un extraño hombre tortuga… ¿o es la imitación de “Scarface”?–, ya el chiste terminó. La historia se pone realmente estúpida, aburrida, y con un final que daba pena ajena. La prueba de que no exagero es que Carvey no ha aparecido más desde este fracaso. Y fue en 2002. Dioooxxx… Carvey, sigue el ejemplo de Mike Myers.

Lo que nos deja un solo lugar.

Hela aquí. Esta tiene que ser, sin duda, la peor película que he visto.

1.- Hulk

Lo tenía todo. Un excelente director (Ang Lee, de Sensatez y Sentimiento). Un muy buen actor prinicipal (Eric Bana, de Troya), excelente actriz principal (Jennifer Connely, de Una Mente Brillante) y muy buenos actores secundarios (Sam Elliot, Josh Lucas y Nick Nolte). Era uno de los personajes más famosos de la historia del cómic, que además había originado una exitosa serie de televisión con Bill Bixby y Lou Ferrigno en los ‘70. Los efectos especiales se vean absolutamente perfectos, hechos con la misma tecnología que hizo a Gollum en El Señor de los Anillos. Y el creador de Hulk, el legendario Stan Lee (padre del Hombre Araña, X-Men y Los Cuatro Fantásticos), aprobó de la película. Díganme, ¿en qué podía fallar? Carajo, EN TODO. La historia no tenía nada que ver con al original. La extraña técnica de pantalla partida, aunque original, confundía más que ayudar. Y Nick Nolte es absolutamente desperdiciado como un científico loco con un secreto. Sí, Hulk se ve perfecto, y hay dos escenas que se pueden rescatar: la escena en que el gigante verde se enfrenta a tres peros mutantes, y su pleito con el ejército. Pero para eso está YouTube. El hecho de que se vaya a estrenar una nueva este año que no tiene casi nada que ver con este bodrio me da la razón. Los estudios quieren que olvidemos este primer intento y nos concentremos enla nueva. No me va a costar nada. Dios, qué vaina tan MALA.

¿Se acordaron de alguna otra que haya olvidado? Miren que yo he resistido la tentación de ver las llamadas dos peores pelícuals de la historia: Gigli y Battlefield Earth. Y he decidido darle a Zodíaco otra oportunidad. ¿Alguien tuvo el valor?

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